{"id":2076,"date":"2006-06-13T12:02:07","date_gmt":"2006-06-13T11:02:07","guid":{"rendered":"http:\/\/lauracampmany.com\/?p=2076"},"modified":"2016-09-22T10:25:22","modified_gmt":"2016-09-22T09:25:22","slug":"ano-sin-campmany","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lauracampmany.com\/?p=2076","title":{"rendered":"Un a\u00f1o sin Campmany"},"content":{"rendered":"<p>COMO si la existencia fuera espuma, hoy se cumple el primer aniversario de la muerte de un hombre de principios, de la muerte de un hombre con reda\u00f1os. De uno de los m\u00e1s grandes periodistas, de un poeta vestido de diario. Campmany se llamaba, ya lo saben.<br \/>\nYa s\u00e9 que no es tan f\u00e1cil olvidarlo. Y no habr\u00e1 tarta, velas ni canciones en este desabrido \u00abincumplea\u00f1os\u00bb, ni gratitud, ni besos, ni alborozo, ni m\u00fasica, ni bromas, ni regalos, sino un calor de cera derramada, una llamita ardiente, un memorando, un luto medio oscuro y tembloroso, y una esposa camino del calvario. Unos hijos perplejos y muy solos, a la fuerza m\u00e1s hombres, m\u00e1s humanos, un susurro de amigos y parientes, all\u00e1 en la humilde iglesia de mi barrio. Como estoy en Madrid, duermo en su alcoba. En esa alcoba donde no hace tanto silbaban por la noche como el viento, purp\u00fareos como el bronquio del ocaso, sus pulmones de flor superviviente, de antiguo fumador, de ola de barro. Antes de dar mis sue\u00f1os a su almohada, le rezo una oraci\u00f3n a su retrato y rozo apenas su bat\u00edn de seda, por si a\u00fan tuviera el eco de su tacto. Miro todas sus cosas que nos quedan y le pregunto d\u00f3nde se las guardo.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o sin Campmany es mucho tiempo. Un a\u00f1o sin Campmany es un fracaso. Si no se hubiera muerto de improviso, si no se nos hubiera puesto en paro el bravo coraz\u00f3n con que lat\u00eda en un preciso instante del pasado, ustedes nuevamente lo tendr\u00edan donde tantas ma\u00f1anas lo buscaron, con su nombre de extra\u00f1a ortograf\u00eda, su calva de perfiles planetarios, el brillo de sus ojos diminutos y su prosa de encajes y bordados. Y su labia, su duende y su cadencia, y su co\u00f1a zumbona de murciano. Con su ingenio vivaz les dejar\u00eda m\u00e1s alegres o un poco cabreados, pues no hay nada en la sana inteligencia que invite a no pensar o mueva al llanto. Ya le habr\u00eda llamado a Zapatero acebuche,<br \/>\nadoqu\u00edn, alma de c\u00e1ntaro, buc\u00e9falo, bolonio, badulaque, jarocho, papirote o tiracantos. O algo m\u00e1s que en su nombre no me atrevo a escribir en corriente castellano. Y sospecho tambi\u00e9n que a \u00abestos rogelios\u00bb que saben, por desgracia, d\u00f3nde vamos, por no abusar del don del adjetivo, los tendr\u00eda ya ha tiempo bautizados de testas de alcornoque, precipicios, invitados de piedra, puro caos, gentes de mucho fuego y poca lumbre, hiato de libertad, nube de cardo. Campmany, a los ignaros contumaces, a los cortos de aliento, o a los largos, a todos los plum\u00edferos vendidos, a todos los plumillas paniaguados, a los filibusteros y arribistas, jueces de turno, pr\u00f3ceres de trapo, montillas, maragales y roviras, a alg\u00fan libertador de chicha y nabo, a los aqu\u00ed-estoy- yo de pacotilla, a los anchos de manga, a los templados, bodoques, pisaverdes, boquirrubios, analfabetos y latiniparlos, les habr\u00eda cantado las cuarenta, una vez en espadas y otra en bastos.<\/p>\n<p>No aspiraba Campmany, con su verbo, a cambiar este mundo que nos damos. Demasiado, tal vez, lo conoc\u00eda. Por algo fue tambi\u00e9n uno de tantos a los que nuestra guerra y nuestra Historia la infancia y el az\u00facar les robaron. Historia al parecer tan memorable, y tan hecha de buenos y de malos, que hoy el que la escuchara pensar\u00eda que no corri\u00f3 la sangre en los dos bandos. Mi padre, por entonces, era un ni\u00f1o. Cumpli\u00f3 en el 36 los once a\u00f1os. Sus armas, un pu\u00f1ado de canicas. \u00a1Ya ven cu\u00e1nta maldad! \u00a1Qu\u00e9 buen soldado! Once a\u00f1os no m\u00e1s, los suficientes para atar una mosca por el rabo y acordarse del hambre y los remiendos, y de aquellas lentejas con gusanos, y de un tiempo de puertas reventadas, y de adultos mat\u00e1ndose a destajo. Bastantes para amar, despu\u00e9s de todo, y aprender a vivir como los p\u00e1jaros, ara\u00f1\u00e1ndole al sol unas migajas del pan que nos prodiga con sus rayos. Y viviendo entre versos e infiernillos en uno de esos cuartos realquilados donde hasta los quinqu\u00e9s te los racionan, pero no hay quien apague a Garcilaso.<\/p>\n<p>Hoy, que se cumple un a\u00f1o de su muerte, me asomo a su recuerdo y lo desato. Con ag\u00fcita de miel y hierbabuena, le humedezco las sienes y los labios. Y le canto una nana rumorosa, un poco de Gardel, como de tango, como de cambalache y siglo veinte, como de no volver y adi\u00f3s, muchacho, como de lirio o flor de la canela, no s\u00e9, como de luna o de caballo. Y le digo a mi viejo padrecito que habr\u00eda dado mi vida por salvarlo, un trozo de mi carne por tenerlo, mi orgullo, por haberlo prolongado. Que Emilio nos consuela como un hombre. Que mi hermana Beatriz sigue llorando. Que mam\u00e1 se ha quedado como un libro que no tuviera ya significado. Y yo no me lo quito de la frente, y lo llevo en el pecho, como a un santo.<\/p>\n<p>Ahora que su sill\u00f3n est\u00e1 vac\u00edo, ya no tiene sentido despertarlo porque juegue el Madrid o corra Alonso, porque marquen Morientes o Ronaldo. Ya no hay que programarle las comidas, ni llamar a Opini\u00f3n a cada rato a preguntarle a Marisol o a Gema, o a Pato, si el art\u00edculo ha llegado. \u00c1ngela, la doctora, ya no tiene que venir por la tarde a visitarlo. Siguen llamando todos sus amigos, pero \u00e9l ya no descuelga el aparato. All\u00ed donde se encuentra sobra todo, lo mismo complacerlo que enojarlo, esconderle los dulces o decirle que esta vez no se lleve el coche al Lago. Qu\u00e9 pena, que no est\u00e9 donde podr\u00eda disfrutar del perfume del verano ahora que han empezado los Mundiales, y ese chico,<br \/>\nNadal, sigue ganando. Ahora que toda voz parece poca para llamar siniestros a los pactos, rid\u00edculas, a algunas leyes nuevas, tildar a un Estatuto de insensato. Ahora que hasta su p\u00f3stuma columna, esa \u00abgente en la calle\u00bb de hace un a\u00f1o, ha vuelto a congregarse numerosa para mostrar su aplomo y su rechazo. Y decirle muy claro a Zapatero que de su zapatiesta estamos hartos.<br \/>\nPero Jaime Campmany ya no vive. Hace un a\u00f1o que no lo disfrutamos. Me lo escucho decir y no lo creo. Me lo miro escribir sin aceptarlo. A veces, sin querer, me lo imagino sintiendo que su vida pega un salto, y vi\u00e9ndola, quiz\u00e1s, pasar deprisa, como en un proyector rebobinado, esperando el final m\u00e1s absoluto, no s\u00e9 si con paciencia o con espanto, perdonando a los hombres sus ofensas y dando \u00faltima cuenta de sus actos. A m\u00ed lo que me duele como un hierro es saber que pas\u00f3 por ese trago. Eso s\u00ed que no s\u00e9 c\u00f3mo sufrirlo. Eso s\u00ed que yo a Dios se lo reclamo. Y si hay un cielo donde el alma vibra m\u00e1s all\u00e1 de este cuerpo que habitamos, ese cielo le cuadra por derecho, porque en verdad fue un ser extraordinario. Porque era un hombre bueno como pocos, porque era inteligente y se hizo sabio, porque tuvo a raudales los amigos y ese alg\u00fan enemigo necesario. Porque era generoso a manos llenas y no le vi jam\u00e1s un gesto amargo, y porque se ha llevado al otro mundo tanto amor como en \u00e9l nos ha dejado. Ya estar\u00e1 conversando con las musas. Seguro que ya es miembro numerario de la Academia m\u00e1gica y celeste que corona las cimas del Parnaso. Ya estar\u00e1 con los \u00e1ngeles m\u00e1s vivos, ya estar\u00e1 con Quevedo y con Gerardo, preguntando de nuevo a su maestro \u00abqu\u00e9 es esto que tenemos en las manos\u00bb. Y ya en la letra C de su apellido, ocupando su trono literario. Hoy, al cumplirse un a\u00f1o de su muerte, me van a permitir desenterrarlo. Los hombres no se mueren por completo mientras alguien se empe\u00f1e en recordarlos.<br \/>\nB\u00fasquenlo en su memoria y en la m\u00eda, donde sigue su voz aleteando. Hoy p\u00eddanle a Campmany una sonrisa. Ver\u00e1n c\u00f3mo \u00e9l les hace ese milagro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMO si la existencia fuera espuma, hoy se cumple el primer aniversario de la muerte de un hombre de principios, de la muerte de un hombre con reda\u00f1os. De uno de los m\u00e1s grandes periodistas, de un poeta vestido de diario. Campmany se llamaba, ya lo saben. 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